Orden

Aquel día nuestra querida Yaiza del pasado se despertó muy temprano, había pasado la noche escuchando voces provinientes del móvil y ahora hablaban de Sócrates... Ella pensó en lo mismo que los días anteriores, era su primer y último pensamiento desde hacía dos semanas: sus ojos azules.  Sabía que había idealizado a una persona que, con toda seguridad, tenía muchos defectos. Y además, no podía ser. Pero regodearse en ese sentimiento le hacía sentir viva y recordad que no había sido un sueño. 

Salió a ver amanecer: todo gris. Un gris amenazante, no plomizo, sino de ésos que amenazan un día de tormenta. Oh, eso sería perfecto. Le encantaba la lluvia y, además, acompañaría perfectamente a su estado de ánimo. Llegó demasiado temprano al bar en el que solía desayunar y pasó de largo hacia el mercado. Compró dos dátiles Medjoul, carnosos y dulces. Esperó en un banco leyendo a qué David pusiera las mesas en la calle. Sacó su libro pero no leyó. Sus pensamientos la llevaron lejos en el tiempo y el espacio, pero no tuvo imaginación suficiente para acercarse a mí... 

Tenía el domingo para recoger y limpiar... Recibiría a Bhavna esa tarde en casa. A veces necesitamos una excusa, un empujón, y hete que para nuestra Yaiza sería Bhavna. Con ella volvió el orden a casa. Y con el orden las rutinas. Y con las rutinas se apaciguaría su corazón. Ella no lo sabe todavía, mira cómo David limpia las mesas con un producto que huele  fuerte y levanta el barniz de la madera. Siente pequeñas gotas, demasiado finas y esparcidas para considerar que llueve. Aun así, cierra los ojos y levanta la cara hacia el cielo totalmente cubierto. Por fin lo de fuera expresa el nubarrón que siente en su pecho. Qué generosa es la Naturaleza. 

Para paliar ese sentimiento comprará flores, como cada domingo, llenará la casa de color y olor. 

Por fin encuentra un poco de silencio y lee. 

Poco a poco se va apagando el ruido.

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