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Sólo por hoy...

La vida es un "sólo por hoy". En una ocasión, no obstante, me recomendaron no vivir el día, sino exprimir el momento. Estos días vengo confundiendo el pasado, el presente y el futuro. Vivo una especie de instante eterno en el que todo se hace consciente. Creo que, de alguna forma, estoy liberando todos esos sentimientos. Así que cuando me dirigía al trabajo esta mañana, me he fijado en que, por fin, no me dolía la rodilla derecha.

La que soy ahora

Acabo de encontrar un diario de 2011. Tenía 29 años y era muy infeliz. Ahora tengo 38 y estoy insatisfecha, pero no soy infeliz. Qué curioso. He sentido una compasión tremenda por ella, porque todo le abrumaba y no sabía que en unos meses iba a perder a su abuela, terminaría la Carrera, se colegiaría, comenzaría a trabajar, su novio la dejaría, adelgazaría, engordaría, volvería adelgazar, habría una pandemia y terminaría sonriendo detrás de una mascarilla. Y lo que sea que ella sentía que faltaba, sigue sin estar, porque no es nada externo, es algo que no hemos encontrado todavía: ahora tengo trabajo, soy independiente económicamente, vivo sola, hago y deshago a mis anchas. Pero ese agujero sigue ahí. Ya sabía yo que no era él. Sólo lo ha hecho visible de nuevo, porque lo había cubierto superficialmente. Nada de chapuzas. Rellenaremos.

Cuando volví a hacer la cama

Hago la cama cada día. Es una costumbre que tengo desde pequeña. Mi abuela decía que no hay que salir de casa siempre con la cama hecha y la cocina recogida. Es un mínimo vital en mi familia. Así que cuando mi casa se desordena es un síntoma, la materialización externa del desorden interno. Así que para mí limpiar, recoger, ordenar es un ritual con el que pongo paz en mi cabeza.  Aún sabiéndolo, por épocas me he abandonado. Por eso aquél lunes en que nuestra querida Yaiza  se levantó, cambió las sábanas e hizo la cama, todo cambió. No importa que llegase media hora tarde al trabajo, que se distrajera mientras redactaba sus demandas, que escuchara de nuevo esas canciones que le acercaban a él... Porque todo ocurriría igual, pero se ahorrará el sufrimiento de otras versiones. Todas llegarán a mí, pero ésta llegará mejor. Todo ocurre a la vez, experimentamos todas las probabilidades en el mismo momento, pero sólo somos conscientes de una cada vez. Yo las he vivido todas.  As...

Orden

Aquel día nuestra querida Yaiza del pasado se despertó muy temprano, había pasado la noche escuchando voces provinientes del móvil y ahora hablaban de Sócrates... Ella pensó en lo mismo que los días anteriores, era su primer y último pensamiento desde hacía dos semanas: sus ojos azules.  Sabía que había idealizado a una persona que, con toda seguridad, tenía muchos defectos. Y además, no podía ser. Pero regodearse en ese sentimiento le hacía sentir viva y recordad que no había sido un sueño.  Salió a ver amanecer: todo gris. Un gris amenazante, no plomizo, sino de ésos que amenazan un día de tormenta. Oh, eso sería perfecto. Le encantaba la lluvia y, además, acompañaría perfectamente a su estado de ánimo. Llegó demasiado temprano al bar en el que solía desayunar y pasó de largo hacia el mercado. Compró dos dátiles Medjoul, carnosos y dulces. Esperó en un banco leyendo a qué David pusiera las mesas en la calle. Sacó su libro pero no leyó. Sus pensamientos la llevaron lejos en e...

Presentación

Hola. Os presento a la Yaiza de 2020 , la que está en la peluquería, sintiendo un agujero en el pecho. Hacía mucho tiempo que no tenía esta sensación y ha decidido que no el vacío no va a volver a su vida. Ya llenó una vez ese hueco y lo hará de nuevo.  Es un año raro . Lo ha sido para todos. Aunque nos parezca mentira, se impuso el uso de mascarillas en todos los lugares públicos: escondieron las sonrisas del mundo. Es algo que pesa cuando a una la reconocen por su risa.  Esta Yaiza del pasado  ha decidido ser feliz -sí, otra vez-. Pero necesita reconciliarse con todas las anteriores y futuras, porque no puede vivir en la culpa. No sabe identificar bien sus carencias -todavía-, pero quizá no es esto lo importante, quizá sólo tiene que encontrar aquello que le alegra el corazón.  Bailar, plantas, lecturas, paseos, amigos, orden, patinar, madrugar, ver amanecer, sonreír... Hay muchas cosas que la elevan, sin embargo, le cuesta mantener estas rutinas beneficiosas....